Agosto, vacaciones y el punto y aparte en el trabajo

Agosto es el mes de vacaciones por excelencia. Todo el mundo se va a descansar y relajarse poniendo fin a un año de agotamiento y estrés.

Y este descanso que seguro es muy merecido hace que un país como el nuestro prácticamente se paralice.

Yo soy de los que en este mes trabajo y lo hago a gusto porque el nivel de tensión y estrés baja, se trabaja a gusto en la oficina, hay menos gente que te interrumpe y fruto de ello, se rinde mucho más.

Es un mes para preparar el final de año que vendrá cargado de oportunidades y proyectos. Un mes para reordenar ideas, revisar procesos y optimizar recursos.

Un mes en el que en definitiva da gusto trabajar. Esta es mi opinión y no entiendo como muchas empresas de este país siguen cerrando el mes por vacaciones. Lo entiendo para empresas de hasta 3-4 trabajadores pero que hoy en día esto sigan haciéndolo empresas medianas de más de 10 empleados me parece una pérdida de oportunidad, una pérdida de servicio al cliente y un cierto grado de maltrato al empleado ya que le obligan a parar todo un mes cuando igual para él no sería lo conveniente.

Esto es simplemente mi opinión pero sirva esto como ejemplo: estoy mirando piso para comprar y alguna inmobiliaria me dice que si alguno de los que veo me interesa, hacemos los papeles en septiembre. A la vez y en las visitas, los dueños de los pisos te dicen que o se hace en agosto, o que en septiembre alquilarán el piso. Un buen ejemplo de cómo alguna inmobiliaria está perdiendo negocio, se lo dicen en la cara y aun así se mantienen en su postura. Luego cerrarán porque no tienen ventas o protestarán porque los clientes usemos cada vez menos sus servicios y contactemos directamente con propietarios a través de portales web.

agosto, abierto por vacaciones

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Agosto, vacaciones y el punto y aparte en el trabajo

Entrevistas de trabajo. Frustración de quien selecciona.

Estos días me ha tocado hacer entrevistar a candidatos para un posible puesto de trabajo. Reconozco que es algo que no me gusta nada porque hay cosas que me desesperan del proceso.

Lo primero de todo la revisión de curriculums. Publicas una oferta donde indicas lo que buscas, en qué consiste el trabajo, y lo más importante, una serie de imprescindibles. Pues bien, la gente te enviará su CV con total alegría sin cubrir ni la mitad de estos requisitos. Un caso real, para una oferta de título “atención al cliente en francés” más de la mitad de las candidaturas recibidas no tenían ningún conocimiento del idioma. Menos mal que era casi el único requisito.

Esto es el primer paso y la primera frustración pero la segunda viene cuando entras en el detalle de estas candidaturas. Faltas de ortografía, fotos de una noche de fiesta o en puro formato “selfie”, contenido nada personalizado para la oferta anunciada: “me gustaría trabajar como arquitecto de interiores” cuando ¡la oferta es de un administrativo!

En fin, ellos sabrán lo que hacen; luego se extrañarán de no tener la oportunidad de defender su valía. ¡Pero si no quieres trabajar de esto!

Tras una criba llena de frustraciones te quedas con lo que mínimamente puede ser aceptable. Con suerte tendrás entre 5 y 10 opciones viables y empiezas a llamar para concertar una entrevista. Recibirás respuestas del tipo, “ese día no puedo que tengo que llevar al gato a la peluquería, ¿podría ser el sábado cuando me levante de la siesta?” Si majo, si; en eso precisamente estaba pensando. Nuevos descartes, te quedan entre 3-5 candidatos. ¡Qué poco donde agarrarse!

Día de la entrevista. Estás con toda la predisposición porque tienes que quedarte con uno de los candidatos pero ¡ZAS!, la primera en la frente. El primer citado no se presenta. Llamas para ver si ha tenido algún incidente que le haya impedido presentarse para citarlo en otro momento y te responde: “me lo he pensado mejor y no me interesa”. O lo que es peor: “¿era hoy? Yo pensaba que era mañana”… Sin comentarios.

Llega tu segundo candidato. Buena presencia, educado… pinta bien. Mi primera pregunta: ¿qué conoces de la empresa? Su respuesta: “no lo se. Si me puedes contar de que trata esto…”. Fin de la entrevista.

Terminas las entrevistas y has conseguido un par de buenas opciones, o al menos que pueden cubrir tus necesidades cerca del 80%. Date por contento y reza por haber acertado. Si te has equivocado al escoger entre estos dos candidatos últimos, tendrás que hacer dos cosas y ambas desagradables:

  1. Despedir a quien escogiste.
  2. Volver a empezar otra vez.

Aspiro a que en próximos procesos de selección reciba 100 candidatos viables, educados, cumplidores y que cubran el perfil. Aspiro a poder elegir entre mejores y no entre descartes.

Compadezco a quien se enfrenta a esto todos los días ya que este post surge por haberme equivocado. He sufrido el proceso de selección, la frustración de haberme equivocado y todo lo que ha supuesto este error: despedir y volver a empezar.

PD: Creo que he acertado en mi elección. En unos meses lo sabremos seguro

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Imagen free Worried businessman de Val Lawles en stockvault.net
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Entrevistas de trabajo. Frustración de quien selecciona.